Por John Chambers
SAN JOSE – En todo el mundo, la gente exige cambio. Resultados electorales recientes — quizá de forma más notable el voto del Brexit en el Reino Unido y la elección presidencial en los Estados Unidos — han puesto de relieve una incertidumbre económica creciente. En este entorno, es imperativo que los líderes formulen y cumplan una visión clara de crecimiento económico inclusivo, que tenga en cuenta no solo la política fiscal y comercial — el centro de muchos debates actuales — sino también la digitalización.
Al representar$19 billones en valor económico potencial durante la próxima década, la digitalización tiene el poder de permitir que los países impulsen el crecimiento del PIB, la creación de empleo y la innovación. Ya vemos el impacto profundo que la digitalización puede tener en los países que la adoptan como motor central de sus estrategias económicas.
Mientras otros países adoptan estrategias digitales sólidas, Estados Unidos se queda atrás. Pese a haber liderado la carrera de internet en la década de 1990, Estados Unidos es hoy la única gran economía desarrollada sin un plan claro de digitalización. Las consecuencias ya empiezan a notarse: según el ranking de 2016 del índice de innovación de Bloomberg, Estados Unidos es ahora el octavo país más innovador del mundo, tras caer dos puestos desde 2015.
El mensaje es claro: en materia de digitalización, nadie tiene nada garantizado y no hay tiempo que perder. Incluso en Silicon Valley debemos reinventarnos de forma constante para seguir siendo competitivos. La economía de Estados Unidos debe hacer lo mismo, o arriesga perder su ventaja innovadora. Solo con un plan de digitalización claro y eficaz puede Estados Unidos asegurar que conserva su condición de líder económico global en la era digital, al tiempo que responde a la demanda de sus ciudadanos de más oportunidades económicas.
Creo que la conectividad tiene el poder de transformar economías y generar nuevas oportunidades. Por eso, la nueva agenda digital de Estados Unidos debe corregir el hecho de que, a pesar de vivir en uno de los países más ricos del mundo,un tercio de la población de Estados Unidos todavía carece de acceso a banda ancha en el hogar.
Las iniciativas existentes de ciudades inteligentes que promueven la conectividad en Chicago y en Washington, DC, son alentadoras. Pero, para cerrar la brecha digital, hace falta una estrategia digital nacional más amplia, que ponga el acento en la inversión en infraestructura digital, y no solo en la infraestructura física, como en el pasado. Solo con un acceso amplio puede la tecnología seguir cumpliendo su potencial como uno de los grandes igualadores económicos.
Un plan eficaz de digitalización de Estados Unidos también debe apoyar a las empresas emergentes. Las compañías jóvenes representan el futuro de la creación de empleo — son la principal fuente de nuevos puestos en Estados Unidos — y de la ruptura tecnológica. Sin embargo, las empresas emergentes están en descenso en Estados Unidos. Según una investigación de la Brookings Institution, la tasa de creación de empresas (el número de compañías nuevas, como porcentaje de todas las firmas) ha caído casi a la mitad desde 1978.
Para impulsar la innovación y la creación de empleo, necesitamos invertir esta tendencia e inyectar más combustible al motor de nuevas empresas de la economía estadounidense. Ello exigirá que las empresas y el gobierno trabajen juntos para crear un entorno que anime a los emprendedores a hacer realidad sus visiones. Una combinación de legislación, como beneficios fiscales para compañías en etapa temprana, y de inversiones corporativas y de capital de riesgo que aporten respaldo financiero y mentoría a las empresas emergentes será vital para sostener este ecosistema.
En un plano más amplio, los líderes de Estados Unidos deben crear un entorno que fomente todo tipo de crecimiento e inversión empresarial. El llamado de Trump, en 2017, a actualizar las normas fiscales de Estados Unidos podría producir beneficios en este frente, siempre que las nuevas normas promuevan la inversión interna al animar a las empresas a repatriar sus ganancias en el exterior y al reducir el tipo del impuesto de sociedades, hoy uno de los más altos entre los países de la OECD. Esos pasos podrían traer más de $1 billón a la economía de Estados Unidos y, en el proceso, crear empleos y oportunidades económicas.
Otro elemento crítico de un plan eficaz de digitalización es la educación y la formación. Las empresas necesitan invertir en la fuerza laboral actual, a la que en gran medida le faltan las competencias necesarias para competir en la era digital. Al mismo tiempo, debemos transformar nuestro sistema educativo para que las generaciones más jóvenes adquieran las competencias que necesitan para conseguir los empleos digitales bien pagados del futuro. Para ello, debemos ir más allá del énfasis en las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas — las llamadas materias STEM — y pensar en cómo aplicar la tecnología y la digitalización a todos los campos.
La tecnología lo está cambiando todo: la forma de hacer negocios, las reglas del capitalismo y ecosistemas económicos enteros, y todo a una velocidad enorme. Estados Unidos debe cambiar con ella y actuar ahora para hacer lo necesario a fin de recuperar su ventaja innovadora y prosperar en la era digital.
John Chambers es presidente ejecutivo del consejo de Cisco.
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